11. Las que quedan vivas.
Narra Lorena.
Estoy viva, pero no me siento viva.
El espejo de este baño prestado, en un departamento que huele a encierro y sopa fría, me devuelve una imagen que apenas reconozco. Ojeras de un gris sucio, labios partidos, un mechón de pelo pegado a la frente por el sudor. Me he quitado la peluca, el maquillaje corrido, la ropa de cuero que usé para escapar. Lo único que no logro quitarme es la culpa.
Sully me mira desde la puerta, apoyada en el marco, con una taza de té humeante en las manos.