12. Sangre en el camino.
Narra Ruiz.
Las noches ya no tienen silencio. Solo ruido. Del tipo que no se oye, pero te vibra en los huesos. El celular suena a las tres de la madrugada. No es un horario para buenas noticias.
—Lo sabe —dice la voz del otro lado. Es Lázaro, uno de los pocos que todavía no ha sido comprado ni quebrado—. Carlo ya sabe dónde está Lorena. Le cayó el dato de alguien que se vendió por dos gramos y una puta limpia. Va para allá. Y no va a hablar.
Silencio.
—Va a matarla, Ruiz. Esta noche.
El vaso de