100. El poder no se grita. Se demuestra.
Narra Ruiz.
No hay furia más pulida que la de un hombre humillado frente a su propio imperio.
Ahí está. Sentada como si todavía creyera tener alguna carta en la mano. Como si no entendiera que el juego terminó el día que me robó no solo el dinero, sino los secretos. Los discos duros, Lorena. Eso es lo que realmente duele. Los códigos. Las rutas. Los nombres. Mi alma encriptada en ceros y unos. ¿Y encima te atreviste a encerrarme? A mí.
Apoyo la palma en la mesa. No golpeo. No levanto la voz. So