Todas estamos locas.
En el momento en que Julián Moreau se retiró discretamente de la mesa, como quien sabe exactamente cuándo hacerse a un lado para dejar que las piezas del tablero se muevan por sí solas, Sara apenas tuvo tiempo de recuperar el aliento.
La rabia aún le ardía por dentro, mezclándose con un orgullo herido que, a pesar de todo, se negaba obstinadamente a dejarla caer en la desesperación absoluta.
Sin embargo, el alivio momentáneo que le había proporcionado la conversación con Julián se esfumó de gol