Las formalidades se retomaron entre movimientos contenidos y rostros que evitaban cruzar miradas.
Hubo firmas, sellos, murmullos y gestos discretos, mientras afuera los medios replicaban la noticia con efervescencia.
Sin embargo, dentro de esa sala, todo se sentía distinto.
Algunos directivos no podían sostener la mirada, quizá por vergüenza, quizá por miedo. Otros, por el contrario parecían aliviados, como si hubieran esperado este cambio desde hacía años.