La mañana en el hotel comenzaba con una brisa suave que entraba por las ventanas altas del despacho privado. Valeska había llegado temprano, antes que todo el personal, con la necesidad imperiosa de estar en control de algo… aunque fuera solo de sus horas de trabajo. Tenía el cabello recogido en un moño bajo, los labios sin color, y ese brillo apagado en los ojos que solo se notaba si uno la miraba demasiado tiempo.
El zumbido del celular sobre el escritorio la distrajo. No lo miró de inmediato,