La sala de la casa de Valeska estaba transformada en un intento de cine casero, con luces de Navidad colgadas torpemente en las paredes y una sábana blanca como pantalla improvisada. Lisandro, ya sin dolores fuertes en el hombro, había pasado el día planeando una noche romántica para Valeska, decidido a reconquistarla tras la cena en «La Luz de la Luna».
Había elegido su película favorita y preparado un nido de mantas y cojines, con palomitas y jugo para Adrián. Valeska, sentada en el sofá con