Las palabras le hicieron sentido como si se incrustaran en su pecho, no como una herida, sino como una cicatriz que por fin empezaba a cerrar.
Asintió, lentamente, sintiendo que algo dentro de ella se acomodaba por primera vez en días.
—Tienes razón —susurró, sin mirar a Oliver—. No puedo seguir esperando a que Lisandro regrese con respuestas. No puedo seguir cargando con preguntas que ni siquiera me pertenecen. Si no es un traidor, el tiempo lo dirá. Pero necesito saber qué lo aleja de mí. No p