La prueba cayó en el fondo del cesto de basura con un sonido seco, casi desapercibido. Valeska se miró al espejo una última vez antes de salir del baño. Su rostro seguía pálido, y aunque el resultado fue negativo, la sensación extraña no se iba. No había felicidad, pero tampoco tristeza. Solo ese alivio incómodo, como si una parte de ella se aferrara a una certeza que no podía comprobar aún.
—Solo cansancio —se murmuró al espejo, alisando con los dedos las comisuras de sus labios. Un intento de