Los días sin la presencia de Iskra deberían haber sido tranquilos para Valeska, pero en lugar de eso, una inquietud latente se instaló en su pecho. No era una mujer paranoica, pero tampoco ingenua. Iskra no era del tipo que aceptaba una derrota con dignidad, y su ausencia solo podía significar una cosa: estaba tramando algo.
Sentada en su oficina, tamborileó los dedos sobre el escritorio mientras observaba los documentos que debía revisar. Su concentración estaba dispersa, y aunque intentaba ma