A la mañana siguiente, cuando Valeska despertó, lo primero que notó fue el espacio vacío a su lado. Extendió la mano instintivamente, como si esperara encontrar el calor de Lisandro aún impregnado en las sábanas, pero todo lo que sintió fue la frialdad de la tela.
Frunció el ceño y se incorporó lentamente, con la sensación de que algo no estaba bien. Miró hacia el reloj sobre la mesita de noche. Había pasado toda la noche y él no había regresado.
Tomó su teléfono, revisó los mensajes y llamadas