La pregunta de Valeska se instaló en el aire como un peso imposible de ignorar.
Lisandro, quien siempre había sido un hombre de respuestas rápidas y estrategias infalibles, se encontró por primera vez sin palabras. Nunca había titubeado, nunca se había permitido la indecisión. Su mundo estaba construido sobre cimientos firmes de determinación y control. Sin embargo, frente a ella, con su mirada expectante y vulnerable, se sentía como un impostor dentro de su propia piel.
Hasta ese momento, toda