Él seguía ahí. No importaba cuánto intentara alejarse o ignorarlo, siempre lo encontraba en algún reflejo, en la sombra de un auto estacionado, en los pasos que resonaban detrás de ella al doblar una esquina.
Había algo oscuro en su presencia, algo que la hacía temblar sin necesidad de palabras.
A veces, cuando miraba por la ventana del baño ella creía ver su silueta parada al otro lado de la calle, inmóvil, como una amenaza silenciosa.
Le temblaban las manos cada vez que escuchaba un golpe