Él seguía ahí. No importaba cuánto intentara alejarse o ignorarlo, siempre lo encontraba en algún reflejo, en la sombra de un auto estacionado, en los pasos que resonaban detrás de ella al doblar una esquina.
Había algo oscuro en su presencia, algo que la hacía temblar sin necesidad de palabras.
A veces, cuando miraba por la ventana del baño ella creía ver su silueta parada al otro lado de la calle, inmóvil, como una amenaza silenciosa.
Le temblaban las manos cada vez que escuchaba un golpe en la puerta, sabía que no debía ceder al miedo, pero el miedo ya había hecho nido dentro de su cuerpo. Dormía poco, comía menos, y cada noche sentía que sus pensamientos eran un campo de batalla. Por momentos pensaba en Alessandro, deseando poder contarle lo que ocurría., pero…
¿Cómo hacerlo cuando apenas se hablaban?
¿Y si él no le creía? ¿Y si pensaba que era exageración?
Así pasaron los días.
Una rutina de aparente normalidad, pero con grietas que se abrían lentamente bajo la superfici