El día nueve continuó en un silencio denso mientras Erika cruzaba el umbral de la habitación por primera vez desde que había sido encerrada allí.
El cambio fue inmediato.
No porque el pasillo fuera particularmente distinto —de hecho, era tan estéril y controlado como el cuarto— sino porque el simple acto de salir rompía una barrera psicológica que había existido durante nueve días completos.
Erika se detuvo apenas un paso fuera.
No avanzó más.
Sus ojos recorrieron el corredor con una atención c