La tarde del día diez llegó con una calma engañosa.
Después de pasar más de una hora en la sala de entrenamiento, Erika sentía su cuerpo diferente. El ejercicio había despertado músculos que durante días habían permanecido casi inactivos, y aunque la fatiga comenzaba a instalarse de manera agradable en sus brazos y piernas, también había una sensación clara de energía renovada.
Era algo que el encierro le había quitado lentamente: la conexión plena con su propio cuerpo.
Ahora esa conexión regre