Era un lunes temprano cuando Erika llegó al edificio, su mente aún marcada por la calma que había encontrado en los pequeños gestos de Alessandro durante la última semana. Aunque su vida seguía atada a la rutina frenética del trabajo, algo había cambiado en su interior. De alguna forma, empezaba a ver la vida de una manera diferente, pero todavía se sentía vulnerable, como si el miedo a abrirse por completo estuviera siempre al acecho.
Esa mañana, al cruzar la puerta del edificio, se encontró c