A lo largo de las siguientes semanas, Alessandro continuó con aquel patrón silencioso pero constante y aquello no era algo evidente, ni grandioso y mucho menos intrusivo. Él parecía haber entendido, casi con una percepción instintiva, que Erika todavía se movía con cautela dentro de sí misma como si cualquier gesto demasiado grande pudiera asustarla o hacerla retroceder. Por eso sus atenciones llegaban en dosis pequeñas, casi imperceptibles… pero cada una encontraba el lugar exacto para quedars