Erika se quedó allí, mirando la bolsa de basura, como si con ella pudiera destruir todo lo que había sido su vida hasta ese momento. Pero, aunque intentaba engañarse, sabía que el proceso no sería tan sencillo. Su vida no se reducía solo a los recuerdos de Damián, aunque esas piezas de su pasado fueran las que más dolían al recordar. Había algo más profundo que la atormentaba, algo que venía de mucho antes de conocerlo a él. Algo que, por mucho que tratara de enterrar, siempre resurgía con más fuerza.
Desde pequeña, Erika había sido la hija "no deseada" en una familia que no veía con buenos ojos su existencia. Su madre, una mujer de carácter fuerte y férreo, había tenido una aventura con un hombre ajeno a su esposo, y de esa relación nacía Erika, la niña ilegítima que siempre fue vista como un error. Desde su infancia, las palabras que más escuchó no fueron halagos ni palabras de aliento, sino una fría indiferencia mezclada con reproches sutiles y miradas despectivas. “No eres parte d