Erika caminaba por su apartamento con pasos lentos, el aire pesado de tristeza impregnando cada rincón de la casa. Era una tarde gris, el cielo encapotado reflejaba la tormenta que se desataba dentro de ella. Mientras pasaba su mano por la superficie de la mesa, recogió la primera cosa que le causó dolor: una taza con la imagen de Lilo y Stitch, que había sido uno de los regalos de Damián. Recordaba la sonrisa de él mientras se la daba, diciendo que ese era su modo de hacerla reír incluso en lo