La presión de su madre fue insoportable, cada vez que sus padres le hablaban, era como si le estuvieran exigiendo algo que no podía dar. Erika se sintió asfixiada, atrapada en una cárcel que ella misma había ayudado a construir, llego al punto en el que su vida no era suya, su cuerpo no era suyo y sus decisiones tampoco lo eran, todo parecía girar en torno a lo que los demás esperaban de ella, hasta que su alma comenzó a quebrarse lentamente.
Y fue en ese momento, cuando se dio cuenta de todo lo que había perdido, que la verdad le golpeó con fuerza. Estaba cansada de ser lo que los demás querían que fuera. Estaba cansada de vivir bajo las expectativas de una familia que nunca la aceptó como era. Estaba cansada de reprimir sus propios deseos y de vivir una mentira. La idea de casarse con Damián ya no era una opción, no podía seguir adelante con eso. Necesitaba encontrar su propia voz, su propio camino, aunque eso significara romper con todo lo que conocía.
Cada vez que pensaba en ello,