La presión de su madre fue insoportable, cada vez que sus padres le hablaban, era como si le estuvieran exigiendo algo que no podía dar. Erika se sintió asfixiada, atrapada en una cárcel que ella misma había ayudado a construir, llego al punto en el que su vida no era suya, su cuerpo no era suyo y sus decisiones tampoco lo eran, todo parecía girar en torno a lo que los demás esperaban de ella, hasta que su alma comenzó a quebrarse lentamente.
Y fue en ese momento, cuando se dio cuenta de todo l