Ella lo mira con los ojos muy abiertos, como si su cerebro intentara procesar lo que acaba de ocurrir. Entonces, lentamente, la vergüenza comienza a teñir su expresión.
La voz de Erika baja un poco, como si temiera que Alessandro estuviera allí solo para presionarla con el trabajo.
—Si vienes a apresurarme con el proyecto, que sepas que hoy es sábado —murmura con cansancio, evitando su mirada—. Puedes venir en dos días.
Dicho esto, guarda silencio. Toma nuevamente la botella con dedos tembloros