Los días siguientes se sintieron como caminar sobre vidrio. El silencio entre Erika y Alessandro no solo se mantuvo: se volvió parte de la rutina, era un silencio espeso, incómodo y evidentemente doloroso. Ella lo evitaba con precisión quirúrgica que parecía matar en el primer corte y él respetaba su distancia, pero con cada mirada que intercambiaban en los pasillos era una tensión acumulada que ninguno sabía cómo liberar.
La tormenta de rumores no se detuvo, aquello fue la chispa que se necesitaba para volver a encender el fuego, era como ver un incendio forestal en la zona más seca del bosque. Un incendio que estaba lejos de llegar a su punto más alto, pero al mismo tiempo lo destruye todo sin piedad.
Ahora no solo hablaban de supuestos desvíos de fondos, sino de un presunto “favoritismo personal” hacia ella. Jefes de otros departamentos la miraban como si fuera un problema, no una colega. Susurros seguían a Erika por los pasillos, su reputación comenzaba a caer pedazo a pedazo sin