Alejarse de Alessandro era lo único que podía hacer para salvarse a sí misma.
Y como si fuera una cruel broma del destino todo a su alrededor le provoco una rabia de la cual no entendía de donde provenía, todo parecía un jodido chiste mal contado, una burla. Se sentía tan pequeña, tan insignificante, todo se sintió demasiado pequeño. Demasiado ajeno, un mundo al que no pertenece.
—Yo… perdón —balbuceó Erika, poniéndose de pie—. Necesito… aire.
Un silencio abrupto cayó sobre la mesa.
Alessandro