Había pasado una semana desde aquella noche en que todo cambió. El silencio del departamento de Erika se sentía distinto, pesado, como si el aire guardara todavía el eco del miedo. Volver había sido un acto de valentía forzada. No era que quisiera estar allí, sino que necesitaba demostrarse que podía. A veces, sobrevivir se parecía mucho a fingir control.
Las cerraduras nuevas, las cámaras en cada esquina, el sistema de seguridad monitoreado las veinticuatro horas: todo parecía una fortaleza. Y