**KLAUS**
Nunca pensé que un apellido que no era mío pudiera abrir tantas puertas.
El apellido Meyer —ese que Diego se tragó con amargura cuando su hija me eligió—me estaba allanando el camino como ninguna estrategia empresarial lo había hecho antes. Aunque no lo admita, aunque me desprecie en silencio, la verdad es que ahora soy parte del juego… y los jugadores lo saben.
—Señor, disculpe que lo interrumpa, pero le recuerdo que tiene un almuerzo de negocios hoy.
—Agradezco, informa al conductor