**KLAUS**
Ella bajó la mirada por un segundo. Pero no reculó. Úrsula nunca retrocedía.
—No soy una niña. No me cuides así, Klaus. No me ocultes la verdad. Tengo derecho a saber qué está pasando. Sobre mi madre… sobre Diego… sobre todo.
La miré, y sentí una punzada en el pecho. Me costaba más protegerla de lo que pensaba. Pero la verdad ya era un arma. Y yo tenía que decidir si se la entregaba… o si la usaba por ella. Respiré hondo. —Tu madre no murió de causas naturales —le confesé, finalmente—