El reloj marcaba las cinco treinta. David ingresó a la recámara de su esposa y la encontró mirando videos de pasos básicos del vals en el celular.
—Cachorra, con el vestido que vas a lucir no se te van a ver las piernas —aseguró con una sonrisa generosa— y te garantizo que no van a fijarse en cómo bailas, sino cómo miras, cómo sonríes y si me abrazas o no.
Ella suspiró profundamente.
—Queridísimo, el vals se baila pierna a pierna, el brazo en la cintura y la mirada de fuego.
David inmedia