La enfermera entró con el almuerzo. La señora de las Casas la miró y ordenó con urgencia:
—Salma, después del almuerzo quiero que me ayude a buscar un vestido atractivo y algo de maquillaje neutro. Y aunque no sea su trabajo, podría ayudarme con una cena algo romántica.
—Por supuesto, señora. Mi trabajo es ver que usted tenga todo lo que necesite. Encargaré una cena acorde a su dieta, pero con un postre de gelatina y algo de glaseado.
—¿Crees que David coma eso? —preguntó con genuina preo