Canadá sonaba a destino aventurero, no precisamente para una luna de miel, pero Miranda y David saltaban protocolos conforme se les iba ocurriendo. David verificó todos sus pendientes de la empresa antes de abordar; su esposa se limitó a chatear activamente con Lisboa. El presidente miró a su esposa y comentó, divertido:
—Si me pierdo en la nieve y una yeti me secuestra, espero que sea tan bella como tú.
Miranda entornó los ojos, cruzando los brazos sobre el pecho.
—Le aseguro que, al momento e