El juego del "Yeti albino" le regaló a David la madrugada más espléndida de su vida. Salieron al exterior en medio del frío extremo, cuando los primeros rayos del sol apenas empezaban a rozar las cimas de las colinas. Desde la zona privilegiada frente a la cabaña, contemplaron en silencio cómo las auroras boreales danzaban majestuosas en el firmamento.
El presidente la abrazó con fuerza contra su pecho para protegerla del viento, y ella se inclinó para dejar un beso cálido sobre su fría mejilla