Capítulo 45

El tiempo para llevar el yeso terminó. David acompañó a su esposa hasta el hospital, sostuvo su mano con firmeza cuando la vio cerrar los ojos a lo que el traumatólogo iba dividiendo con cuidado la estructura de yeso. El sonido seco del yeso al romperse y caer al suelo le daba una liviandad que daba paso al frío del ambiente. Las cicatrices rojizas, un mapa de su batalla, parecían brillar bajo las lámparas del consultorio. David apretó la mano de Miranda. El médico iba explicando lo que podía h
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