El aire en el refugio del sector norte se volvió denso, cargado con una electricidad estática que hacía que las hojas de los robles vibraran sin necesidad de viento. Dentro de la cabaña, el tiempo parecía haberse detenido en un espacio sagrado donde solo existía el esfuerzo de Tamara y la presencia anclada de Zack. El parto no fue un evento ordinario; con cada contracción, pulsos de luz plateada emanaban del cuerpo de la Luna Blanca, iluminando las paredes de madera con el brillo de una aurora