—Shhh, todo está bien— le susurró en el oído.
La cargó ante la mirada de aquellos que no se habían inmiscuido en la pelea ni en la discusión. Se alejó hasta llevarla a la enfermería, el lugar más cercano y a esta hora solitario. La sentó sobre una camilla mientras ella parecía no querer alejarse y mucho menos terminar con el abrazo, obligándolo a estar en una incómoda posición, aunque no se quejaría, porque incluso estaba aprovechando para inhalar su aroma.
—No sabía que estabas aquí —comentó