— ¡Naia ayúdame con la natilla! —solicita María del Carmen desde la cocina.
— ¡Ya voy mamá! —exclama ella en respuesta antes de entrar en la cocina para lavarse las manos.
— ¡Ya están listos los buñuelos! —anuncia la abuela Milagros a todos con una gran sonrisa en los labios mientras los coloca sobre la mesa del comedor.
—Mamá ve a sentarse nosotras terminamos —pide su hija, preocupada de que se canse al estar de pie.
—No, no, no, descansaré cuando me muera.
—Mamá no digas eso.
—Abuela no seas