Un golpe en la puerta los interrumpió. Luego ingresó el médico a cargo.
—Veo que la paciente ya despertó.
—Hace un momento —afirmó Matthew.
— ¿Cómo se siente? Si presenta dolor...
—No estoy llorando por el dolor, sino por la felicidad. Acabo de recibir un regalo, el mejor regalo del mundo —expresó con los ojos húmedos, pero una sonrisa esplendida.
—Ya veo, pero quién le informó, ¿una de las enfermeras?
El médico estaba un poco sorprendido.
—No, fue Matthew, él acaba de decírmelo.
— ¿Entonces fu