32

Mia

El sol entra por la ventana como si tuviera permiso para tocarme.

Me molesta.

Siempre me molestó. Nunca fui una romántica de la luz matinal ni de las sábanas arrugadas con aroma a libertad. No me levanto con una sonrisa, ni suspiro con el primer rayo de luz. Me arrastro fuera de la cama como una sobreviviente de guerra, con el cabello hecho un nido de gaviotas y el alma un poco más revuelta que la noche anterior.

Pero lo intento.

Ese es mi mantra últimamente: lo intento.

Intento comer tres
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