Mía
A veces, el amor no se siente como una explosión de fuegos artificiales. No siempre llega envuelto en pasión o dramatismo. A veces, simplemente… persiste.
Como la brisa salada que me acaricia la piel mientras observo el horizonte. Como el roce familiar de unos dedos sobre los míos, sin necesidad de palabras. Como la voz que me llama en la cocina con un tono burlón, y que aún, después de todo este tiempo, logra hacerme sonreír sin querer.
Han pasado diez años. Una década. Parece un suspiro…