Mundo ficciónIniciar sesiónAlexander
Las luces del despacho de la firma estaban apagadas, salvo por la tenue luz que se filtraba desde la ventana. La ciudad dormía, pero aquí dentro, el reloj seguía su marcha implacable. Y yo, como siempre, no podía permitirme un descanso. El teléfono en mi escritorio vibró, cortando el silencio como una explosión.







