La mansión Moretti se alzó ante Isabella como un gigante dormido.
No había viento.
No había voces.
Solo un silencio espeso, antinatural, como si las paredes mismas contuvieran la respiración.
Isabella empujó la puerta principal.
El eco fue un latigazo en la entrada vacía.
El olor familiar a maderas viejas y flores frescas se mezclaba con un deje metálico…algo frío…algo que no pertenecía allí.
Su mirada recorrió el vestíbulo.
Y entonces lo vio.
El jardinero.
Jean.
Quieto.
Demasiado rígido.
Los d