La tarde dorada de Sicilia se extinguió rápidamente, dando paso a una noche cerrada, teñida de un azul petróleo que parecía tragarse la costa. El ambiente festivo de la playa había quedado atrás, sepultado por el peso de la realidad. En la mansión Lombardi, el aire se volvió denso. Eran las diez de la noche cuando las luces de seguridad del perímetro se encendieron, iluminando las siluetas de hombres armados que patrullaban los jardines como espectros.
Isabella Moretti salió de su habitación co