El regreso a la mansión Moretti no fue un retorno, sino un repliegue herido. La caravana de vehículos se deslizó por los portones como animales acorralados. La niebla de la madrugada se había convertido en una lluvia fina y cortante que empañaba las ventanas, como si la propia ciudad llorara el desastre.
Isabella salió del auto sin esperar a que se detuviera por completo. Su ropa aún olía a pólvora y agua salada. No miró atrás, no esperó a su hermana, ni a Charly, ni a su padre. Caminó directam