Mientras Nick e Isabella dormían, en otra parte de la ciudad, Santoro se reunía con sus hombres en un almacén cerca del puerto. El hombre era más joven de lo que Nick había imaginado, pero sus ojos tenían la frialdad de quien ha visto demasiado.
—La princesita Moretti estará allí —decía, señalando un mapa similar al que tenía Giuseppe—. Según nuestra fuente, están trazando un plan para atraparme, pero se llevarán una linda sorpresa.
Una figura emergió de las sombras: Sasha Elroy sonrió; su expresión era una máscara de odio satisfecho.
—Nick caerá en la trampa —dijo—. Su debilidad por ella lo hará predecible. Y cuando esté distraído…
—Lo tomamos —terminó Santoro—. A los dos. Walton… para venganza personal y para llegar a la heredera. Y ella, para satisfacer a Vittoria, a mí y a todos nuestros aliados antes de destruirla y enviársela a su padre en una caja.
—¿Y los hombres de Giuseppe? —preguntó uno de los hombres.
—Estarán allí —dijo Santoro—. Pero nosotros tendremos más.
Sasha sonrió,