El segundo día en Miami amaneció con Isabella despertando antes que Nick. Se deslizó de la cama sin hacer ruido, tomó una de sus camisetas y se dirigió a la terraza. El amanecer sobre el océano estaba pintando el cielo de tonos naranjas y rosas que se reflejaban en el agua.
Nick la encontró allí diez minutos después, abrazándose a sí misma mientras observaba el espectáculo. Se acercó por detrás, rodeándola con sus brazos.
—Deberías haberme despertado —murmuró contra su oreja.
—Te vi dormir tan profundamente... —respondió ella, recostándose contra su pecho—. Parecías en paz.
—Lo estoy —confesó él—. Contigo aquí, en este lugar... es difícil recordar que hay un mundo allá afuera lleno de problemas.
Se quedaron un rato en silencio viendo cómo el sol completaba su ascenso, transformando el cielo en un azul brillante. El aire ya olía a sal y a posibilidades.
— ¿Qué hacemos hoy? —preguntó Isabella mientras desayunaban frutas tropicales y café en la terraza.
Nick sonrió, un destello juguetón