En la mañana después del juicio, la luz entraba más suave por las ventanas del apartamento. Nick despertó sin sobresaltos, algo que ya empezaba a convertirse en un pequeño milagro. Isabella dormía a su lado, una mano sobre su pecho como si aún estuviera monitoreando los latidos de su corazón.
Él la observó, estudiando las pestañas oscuras contra sus mejillas, la ligera separación de sus labios. Por primera vez en semanas, no había líneas de tensión en su frente. ‹‹Ella también necesita esto. Ne