En la mañana después del juicio, la luz entraba más suave por las ventanas del apartamento. Nick despertó sin sobresaltos, algo que ya empezaba a convertirse en un pequeño milagro. Isabella dormía a su lado, una mano sobre su pecho como si aún estuviera monitoreando los latidos de su corazón.
Él la observó, estudiando las pestañas oscuras contra sus mejillas, la ligera separación de sus labios. Por primera vez en semanas, no había líneas de tensión en su frente. ‹‹Ella también necesita esto. Necesitamos esto.››, pensó.
Cuando Isabella abrió los ojos, lo encontró mirándola.
— ¿Qué? —preguntó, su voz ronca por el sueño.
—Estoy pensando en Miami —dijo él, sin preámbulos.
Ella se incorporó, apoyándose en un codo. — ¿En serio? ¿Ahora mismo, apenas terminó el juicio?
—Especialmente ahora —respondió Nick, su mano encontrando la suya bajo las sábanas—. Mira, Bella, lo del juicio… cerró un capítulo. Pero hay otro libro entero de mierda esperándonos ahí afuera. Myers está en prisión, pero Sasha