El regreso al hotel se convirtió en una tensión eléctrica. Nick no podía dejar de mirar a Isabella, sus labios ligeramente hinchados por el roce contra su piel mientras bailaban.
Las puertas del ascensor se cerraron con un suave silbido, encapsulándolos en un cubo de espejos y luz tenue. Nick no esperó ni un segundo más. Con un movimiento fluido que hablaba de años de entrenamiento y una urgencia aún mayor, giró a Isabella y la empujó suavemente contra la pared de espejos, capturando sus labios