El viaje de regreso a la agencia fue un silencio cargado de electricidad. Nick conducía su auto con una mano firme en el volante, la otra apretando el teléfono como si pudiera extraer respuestas por ósmosis. Carter iba a su lado, ya tecleando en su tablet, rastreando las primeras pistas. Arthur y Rocco en el asiento trasero, con la energía nerviosa de quienes se preparan para la batalla, pero aún con la carcajada contenida por la absurda revelación del sótano.
Al llegar, el edificio parecía más alto, más frío. Los ascensores los llevaron directamente al piso de alto mando, donde el aire mismo olía a poder y a decisiones de vida o muerte. La secretaria de Scott, una mujer de mirada impasible, los guió directamente a las puertas de roble del despacho.
Al entrar, la escena era casi teatral. Scott Walton estaba de pie frente a la ventana panorámica, su espalda rígida, masajeándose las sienes con dedos que transmitían una frustración monumental. Darius, sentado frente al enorme escritorio,