El viaje de regreso a la agencia fue un silencio cargado de electricidad. Nick conducía su auto con una mano firme en el volante, la otra apretando el teléfono como si pudiera extraer respuestas por ósmosis. Carter iba a su lado, ya tecleando en su tablet, rastreando las primeras pistas. Arthur y Rocco en el asiento trasero, con la energía nerviosa de quienes se preparan para la batalla, pero aún con la carcajada contenida por la absurda revelación del sótano.
Al llegar, el edificio parecía más