CAPITULO 54: REFUGIO Y CELOS.
El aire nocturno de la ciudad golpeó el rostro de Nick como un recordatorio de la realidad que acababa de dejar atrás. No fue a su apartamento. No podía. Las paredes vacías y el silencio solo amplificarían el eco de las palabras envenenadas que habían volado en la oficina de su padre. En su lugar, condujo como un autómata, con las manos aún temblorosas por la adrenalina y la rabia contenida, hasta los imponentes portones de la mansión Moretti.
Giorgio fue quien abrió la puerta de servicio, aler