La ciudad despertó diferente. Los periódicos, los noticieros y las redes sociales no hablaban de otra cosa: “Aelin Valtierra regresa y sacude el tablero del poder”.
Las portadas llevaban su imagen en la gala, con y sin máscara, los analistas debatían sobre su origen, y las cadenas de televisión repetían su discurso una y otra vez.
Los empresarios murmuraban su nombre con recelo; los políticos, con un respeto forzado. Incluso sus antiguos detractores —los que alguna vez la habían despreciado c