La noche cayó con la elegancia de un telón de terciopelo.
La mansión Vólkov resplandecía como un faro entre las colinas, sus ventanales iluminados y su fachada bañada en luz dorada. Vehículos de alta gama se alineaban en la entrada circular, dejando salir a empresarios, inversionistas, diplomáticos y rostros conocidos del mundo de la moda y la política.
Pero todos, sin excepción, guardaban la misma pregunta en la mirada:
—¿Quién organizó esta cena?
Ninguna invitación llevaba firma. Solo un sel