Leonard se sentó en su despacho con una copa de whisky en la mano. La chimenea crepitaba suavemente, pero el calor que emanaba no lograba espantar el escalofrío que le recorría la espalda. Desde la pantalla de su tablet, la imagen congelada de un video viral lo observaba en silencio.
Era ella.
No su rostro, no su nombre, pero sí su presencia. Esa postura, esa mirada desde la sombra de un antifaz, esa voz suave pero cortante como una daga. Era imposible de olvidar.
—No puede ser ella… —murmuró p